El Dilema de Venezuela
Octubre 15, 2008
Desde hace algún tiempo vengo pensando en la razón principal por la cual existe una constante y reiterada violación de las leyes en los países latinoamericanos, y específicamente, en Venezuela. ¿Por qué vivimos en un total libertinaje? ¿Por qué somos incapaces de cumplir reglas? Será acaso que existe algún elemento genético que influya en nuestro comportamiento y nos impulse a vivir en una total anarquía, o como decimos en mi tierra, en un ¨despelote total¨.
La verdad sea dicha, creo que en general tenemos ciertas características intrínsecas que nos hacen mucho más alegres, abiertos y amigables que la mayoría de los ciudadanos del ¨primer mundo¨, sin embargo, no creo que esto tenga una connotación negativa en nuestra manera de ser, ni que este fuertemente correlacionado con la actitud irrespetuosa ante las leyes que se observa en nuestro continente, simplemente considero, que esto, es un ingrediente que contribuye a la manera relajada y casi indiferente con la cual afrontamos los problemas que no tienen un impacto directo en nuestro ¨Modus Vivendi¨.
Ahora bien, hasta este punto no he comentado nada que nos haga pensar que en esencia hay algo que está mal en nosotros, y, realmente, no creo que exista nada anormal en nuestro comportamiento, todo lo contrario, nuestra conducta es completamente normal, humana e incluso predecible. Al contrario de lo que muchos piensan, nuestra falta de respeto a las leyes no es el problema principal, es sencillamente la consecuencia, el resultado de vivir en un entorno en el cual no existe otra escapatoria, “si no pisas te pisan”.
La razón principal por la cual hago esta polémica afirmación es porque creo que el verdadero problema yace en la falta de castigo para todo aquel que incumple la ley, es la impunidad imperante en Venezuela la que genera un ambiente propicio para vivir al margen de ¨las normas del juego¨. En ningún país del mundo los ciudadanos obedecen las leyes por el simple hecho de ser buenos, lo hacen porque no les queda más remedio, siguen las normas porque las consecuencias de no obedecerlas son tan severas que hacen que no valga la pena.
El mejor ejemplo de esto lo viví en Miami hace un par de semanas; estaba en la avenida Collins y sin darme cuenta estacione el carro en una zona prohibida, como era de esperarse la policía lo remolco y me coloco una multa de 300 US$. ¿Creen que volveré a estacionar mal el carro? Las opciones son claras:
1. Estacionar lejos – Caminar algo hasta el lugar al que me dirijo – Fin del asunto
2. Estacionar cerca – Caminar poco hasta el lugar que me dirijo – Tomar taxi de vuelta a la casa – Buscar el carro en el estacionamiento de la policía – Pagar multa de 300 US$
Evidentemente es mucho más conveniente para mí estacionar bien, es lo que más me favorece y por eso así lo hare…
Para finalizar creo que la situación en Venezuela se puede comparar perfectamente con el dilema del prisionero, me explico:
Algunos ciudadanos, llamémoslos Grupo 1, cometen atropellos para obtener un cierto beneficio, sin embargo esto perjudica a otras personas, llamémoslas Grupo 2. El Grupo 1 no recibe castigo alguno por su falta, con lo cual el balance para ellos es bastante positivo, no así para el Grupo 2.
El Grupo 2 se percata de la falla del sistema y antes de ser nuevamente victimas decide unirse al comportamiento irregular del Grupo 1, en espera de obtener ellos también un beneficio similar al del Grupo 1. En consecuencia perjudica a un Grupo 3 que eventualmente hará lo mismo que el Grupo 2, y así sucesivamente…
En conclusión, el fenómeno arrastra a toda la sociedad que cree que con este comportamiento obtienen un beneficio personal considerable cuando en realidad se puede observar como el resultado neto global es muy negativo para todos.